Es tan cierto como falso,
tan sutil como descarado,
tan sabido como olvidado,
que uno solo conserva lo que no amarra.
Y puede que sin nombre,
libre y despreocupada,
bellísima y anhelada,
entienda que sólo hay una esencia mía: la de mi guitarra.
y, evidentemente, con esto no me basta...
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